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Llevar a cabo un proyecto siempre implica un cambio que en mayor o menor medida supondrá un impacto en aquellos que lo promueven y participan en él.

Es obvio que el impacto debe ser positivo y para ello el proceso debe ser controlado en todo momento, desde su fase inicial, cuando tan solo disponemos de una idea hasta la finalización material de la misma.

En el sector de la construcción, sector en el que confluyen un elevado número de agentes con intereses que en un principio  debieran ser comunes pero que a la práctica presentan un importante grado de disparidad y divergencia y en el que en numerosas ocasiones afloran los intereses propios, la figura del Administrador de Proyecto resulta necesaria por no decir imprescindible en iniciativas  de envergadura diversa bien sean promovidos por empresas o por particulares.

La funciones desarrolladas por el administrador aportan cobertura al vacío existente entre el promotor de un proyecto de construcción independientemente de cuál sea la magnitud del mismo y los agentes que participan en su ejecución.

Mi forma de trabajar, personal, directa y transparente, se refleja en un ambiente de estabilidad, equilibrio y normalidad durante el transcurso de la ejecución de los trabajos. Este hecho genera un escenario de trabajo en el que los derechos y obligaciones de cada una de las partes que intervienen, se orientan en una sola dirección, la consecución del objetivo establecido.